viernes, 6 de septiembre de 2013

NO MÁS BLOQUEO MENTAL, INTERLOCUCIÓN Y SOLUCIÓN INMEDIATA
Miguel Angel Herrera Zgaib.
Profesor asociado, Ciencia Política.
presid.y.partic@gmail.com

Un choque inadmisible
                                          El día jueves, cuando se cumplió más de una semana de anormalidad académica, y de asamblea permanente de los trabajadores que reclaman mejora salarial, por incumplimiento de lo acordado en el movimiento del semestre pasado, se  produjo  un inaceptable enfrentamiento físico entre profesores y trabajadores de la Nacional, que según registraron los reporteros de Caracol, se fueron a las manos en la inmediaciones del edificio de ingeniería química. 

Fueron agredidos dos profesores, dijo Diego Hernández, el vicerrector actuañ, y el profesor Torres,  de ingeniería química confirmó esta conducta; él resultó lesionado cuando intentó con otro colega  ingresar al edificio. También hay un supervisor con lesiones según el mismo reporte de prensa. El líder de los trabajadores, Juan Carlos Arango, que demandan una reforma salarial, había dicho en el día de ayer que no se impedía el ingreso a los edificios.

Con anterioridad dos colegas profesores, Carlos Medina y Leopoldo Múnera, de Ciencia Política escribieron sendos documentos, informando de la situación de la negociación, el uno; y el otro invitando al desbloqueo físico e institucional, que Múnera atribuye a trabajadores y directivas universitarias. 

Él reclama de la comunidad y de los estudiantes que haya una transfomación democrática de los mecanismos de gobierno de la Universidad Nacional, que no los conoce la universidad desde cuando se ensayó brevemente el cogobieno en el año 1971. De esa experiencia participaron el alcalde de Magangué, Marcelo Torres, y el recién nombrado ministro de minas, Amylcar Acosta, en la Nacional y en la  Universidad de Antioquia, respectivamente.

Hoy hubo una reunión de profesores que citada por la vicerectoría de sede, que preside Diego Hernández, tuvo una concurrencia de 400 docentes  investigadores.  El vicerrector antes había ordenado y realizado en físico el desbloqueo de los lugares de acceso a los edificios de la ciudad blanca, que ahora se encuentran en condición litigiosa.  Y el arreglo salarial de los trabajadores en suspenso.

Urgente interlocución democrática

Para enfrentar esta situación, que se une a la cadena de reclamos, que se exteriorizan en el tiempo de la prosperidad democrática, llamo la atención sobre la urgencia del desbloqueo mental,  de todos los actores. Incluída por supuesto la ministra de educación, que fue ratificada por el presidente, sin que ello implique cosa diferente a definir claramente las problemáticas, determinar los niveles de responsabilidad, y capacidad de respuesta de cada una de las instancias que tienen poder de decidir sobre los asuntos en litigio en la Universidad Nacional de Colombia.

Sobre la base de lo cual debemos proceder como comunidad universitaria a demandar el cumplimiento de lo pactado, la revisión de lo que es inaceptable, y la disponibilidad presupuestal para responder el gobierno nacional a lo debido, con la misma celeridad que se ha hecho con los altos dignatarios del Estado.

Cada uno de los estamentos tiene demandas y reclamos que satisfacer y tramitar, y la universidad toda para que pueda funcionar en condiciones dignas y decentes; y sin ceder un ápice en su disposición de lucha, que no tiene que acudir a la violencia si se moviliza toda en procura de lo que nos es necesario, y debido, para el normal desempeño sin más dilaciones.

Interlocución para la acción

Exhortamos también a la sociedad toda que está interesada y comprometida con la suerte de la educación pública superior. De ahí la urgencia, que resuelto lo que tiene inmediata solución, nos aboquemos al impulso y reflexión sobre la iniciativa de la Constituyente social, uno de cuyos componentes nodales es la educación pública a todos los niveles.

Un compromiso que no puede ser atendido con migajas, ni resuelto con frases de cajón. Es la hora de la democracia, que actualice lo que la prosperidad económica ofrece al conjunto de los colombianos, y no a un puñado de grandes propietarios nacionales y transnacionales.





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