lunes, 3 de diciembre de 2018


EL SEGUNDO ANIVERSARIO, 2016-2018. Parte IV.

La participación Política

La otra medida de la implementación del posconflicto es la participación política, y en concreto, la de nuevo partido de la Farc. En efecto, fueron reconocidas sus representaciones en Senado y Cámara, pero, no se posesionaron, en efecto, Iván Márquez, y Jesús Santrich. Hay un juicio electoral contra Santrich, y ha sido llamado a audiencia por estos días.

Sin embargo las 16 circunscripciones para víctimas se barajaron en el congreso, y a la postre no las hubo. A la fecha, en el congreso se tramita un proyecto de ley, por los senadores Gaviria y García, que reducen a 8 las circunscripciones, y de estas reclaman 2 para militares víctimas, con diversas interpretaciones y componendas que prueban la confluencia de otros intereses, los de los partidos tradicionales, para hacerse a las nuevas curules, en caso de que se reconozcan, lo cual es bastante peregrino.

Por último, la suerte de la Comisión de la Verdad, que preside el jesuita Francisco de Roux ha sido objeto de carga pesada, en particular, a cargo de Oscar Darío Pérez, del Centro Democrático, que quería restringirle competencia para la obtención de información debida para determinar la verdad del conflicto.

 Pretextaba la bancada del partido de la guerra, el argumento de “información relacionada con seguridad nacional”, proponiendo como sanción la comisión de falta grave, y con ello potencial castigo disciplinario y penal. Esta argucia no prosperó, y De Roux, en su momento no dudó en calificarlo en la exposición de motivos de “falso, injusto y vulnerador de nuestra ética”.

Para estos dos años de posconflicto, el incidente Santrich indica bien la dramática condición de la paz neoliberal, pactada entre la insurgencia subalterna y el gobierno que presidió Juan Manuel Santos. Santrich se encuentra preso hace 7 meses. Se conoce parte de los intrígulis del episodio, protagonizado por agentes encubiertos de la DEA, quienes organizaron una reunión, es lo que dice, en casa de Jesús, con la complicidad del sobrino de Iván Márquez, Marlon Marín, quien al poco tiempo huyó a los Estados Unidos.

Tal encuentro era dizque para hacer una venta de 10.000 kilos de coca, a cambio de 15 millones dólares que se entregarían en Miami. Esto, dice, el Fiscal, consta en audios que ya fueron remitidos a la JEP, con los cuales se probaría  que tales son hechos imputables a Santrich, un casi invidente, ocurridos con posterioridad al 1o. de diciembre.

Por último, está el cambio de guardia en la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica, al cual renunció de manera irrevocable el historiador Gonzalo Sánchez, director de uno de los informes más relevantes, “¿Basta Ya. Colombia: Memorias de Guerra y Dignidad! quien fue reemplazado por un intelectual de reconocidas trazas reaccionarias, y vinculado con los centros de pensamiento del Centro Democrático, que obtuvo el nombramiento del presidente Iván Duque.  

El desenlace de la crisis de hegemonía, del cual el posconflicto es pieza fundamental, aun no termina. La participación de la sociedad civil viene adquiriendo cada vez más momentum, y lugares protagónicos, frente a los actores de la sociedad política, del país político, como lo calificaba Gaitán. En el curso de la siguiente semana veremos, cuál tendencia se fortalece.

Luego de la escandalosa e intempestiva presentación del Fiscal de la Nación, acompañado por la troupe del Centro Democrático, con la segunda voz de Cambio Radical. Para tratar de aplastar el asunto de la lucha contra la corrupción política y económico, en torno a Odebrecht, donde política y economía se junta de forma grosera y amenazante. 

Néstor Humberto se presentó como víctima, y adujo, que los citantes, Robledo, Petro y Lozano, tenían, en verdad, móviles políticos, y no una efectiva vocación de lucha contra la corrupción, cuya consulta superó las votaciones individuales de quienes contendieron por la presidencia. Lo que forzó el acompañamiento del presidente Duque, mientras las bancadas que le son afines deshojan impunemente los puntos de la consulta.

El colofón lo ha puesto la CSJ, que ha autorizado el nombramiento de un fiscal ad hoc., de una terna, y cuya escogencia corresponderá en últimas al presidente Duque, quien, como todos saben, estuvo en la visita que al Brasil hicieron al publicista Duda Mendoca, acompañando al entonces candidato de Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga; y este señor, ya es sabido, recibió pagos de la firma Odebrecht. 

Esto ocurre en el país de Jauja, donde la paz y los negocios no riman bien. Por lo que hay que “enderezar” la cargas. En esa tarea están la reacción y la derecha. Mientras que el bloque de la paz, con incipientes acciones como bancada de paz, sufre los golpes propinados a Gustavo Petro, objeto de una denuncia por la senadora Paloma Valencia, quien en la audiencia contra Odebrecht y sus testaferros nacionales, incluida la invitación al Fiscal, que es la pieza maestra en la solución del entuerto, hizo público un video en que el entonces representante Petro recibía dineros que le entregaba un ex copartidario del disuelto M-19, Juan Carlos Montes.  Esto nada tenía que ver con Odebrecht, sino era una maniobra para contaminar el debate, y bloquear la réplica de los proponentes, abriendo otro “campo de batalla”, por el resto de la semana.  

Veremos qué ocurrirá el próximo martes, con la paz y los negocios de la guerra. Los subalternos, una vez más, pueden ser protagónicos en el posconflicto. En el horizonte se dibuja la alternativa de un paro nacional cívico, ciudadano y universitario que anude todas las reivindicaciones de la hora, y precise un programa viable y efectivo, que garantice que la paz tenga dientes.

 Porque su rumbo actual es sinuoso y dolorosamente siniestro, atenazada por la reacción y la derecha, y un centro extremo que pone cara de yo no fui. La nueva intelectualidad universitaria, y las regiones tienen la palabra, y no es un asunto de poca monta, sino definitivo en el desenlace de la crisis de hegemonía colombiana.