sábado, 14 de junio de 2014


ENTRE VOTOS  Y GOLES, NO ES TIEMPO PARA DEVOTOS.

Miguel Angel Herrera Zgaib

                                            Hoy,  a las 11 am., la colombianidad, dividida en materia electoral, vistiendo camisetas tricolores, acostada, sentada en las casas o en sitios públicos, o con viva presencia en el estadio Minerao, de Belo Horizonte, dispondrá corazones, emociones y pronósticos en la idea que el equipo que orienta Pékerman nos ofrezca un parte de victoria, en medio de tanta derrota histórica por hacer de esta tierra una democracia real, de palabra y obra.

Desde el afónico Zuluaga, y su ventrílocuo en adelante hasta el Santos de "la tercera vía al capitalismo" estarán preparados para gritar los goles de Colombia; y murmurar en silencio, si los hay en contra, de los griegos, sucesores de Atenas y la cultura de la temprana "ilustración".

Aquí estamos viendo a los jóvenes descendientes de 26 siglos de los padres fundadores de la primera democracia; restringida, pero ejemplar, en la enseñanza que los seres humanos no dependemos de fuerzas exteriores, que dizque nos dictan como enrutar nuestras vidas, hasta derrumbarlas siguiendo a ciegas fantasmas e ilusiones, así se vistan de utopías.

Votos y Goles
                                            Los griegos han mordido el polvo, con honor de la destorcida capitalista que les ha arrebatado derechos sociales conquistados, antes y después de las dictaduras militares. Y un candidato de la izquierda, y un conjunto de parlamentarios mantienen la lucha política reivindicativa contra los ejercicios punitivos del gran capital transnacional.

La democracia del común da la pelea contra los rebrotes del fascismo/nazismo social en el seno de la Unión Europea, donde la extrema derecha y la izquierda democrática hicieron inocultable avance, mientras las fórmulas del centro socialista, de la tercera vía, recularon por su inconsecuencia política y social. Merkel, la heredera de la pareja Thatcher y Reagan no la pasa bien por otros días.

El Brasil de los juegos del hambre enfrenta también el recuerdo aciago de su catástrofe futbolera de 1950. Pero tiene ahora otras camadas, forjadas en la lucha contra el hambre, millones de pobres, trabajadores organizados, campesinos, gente de clase media, que no le come cuento a los embelecos de Cardoso y las cajas destempladas de Dilma Roussef, que le invirtió algo así como 90.000 millones de dólares al jogo bonito, cuando el milagro brasileño se angostó para los muchos como la piel de zapa del inolvidable Balzac.

A su manera, en las calles, ruge el descontento, y pueda que lo opaquen las gargantas al unísono en los estadios que se volvieron nuevos campos de concentración de la biopolítica, con cerco que los rodean con 3 kms de tierra de nadie, que los custodian las fuerzas del orden, para prevenir cualquier protesta.

Es como si estuviéramos a una reedición de lo que pasó en Seattle, y lo que ha aprendió de ello, allí y en Génova, el bloque dominante del capitalismo global, en lo que Negri y Hardt denunciaron en el año 2000, como la era imperial, regida por una ecuación antagónica, democracia  y guerra.

Colombia, su combinado, donde tres jugadores juegan en el país, y el resto por fuera, en el gran negocio global de la pos-industria cultural, que no alcanzaron a pensar los creadores de la escuela de Frankfurt, atesora la energía pulsional y la potencia constituyente de millones de compatriotas, que después de hoy, en pocas horas estarán decidiendo quién los mandará?

Será el representante del partido de la guerra, y  la tradición del capitalismo enfeudado, dependiente, que odia la reforma campesina, y la liberación de los "siervos de la tierra", o, por el contrario, con ironía y sarcasmo desmesurados, sortearán el acertijo de la paz, y pondrán condiciones a la paz neoliberal de Santos y sus aliados y conciliados de ocasión?

Lo cierto es que en la cancha de Minerao no serán ni los hijos de Zuluaga ni los de Santos los que harán los goles, o evitarán que los griegos los hagan en su valla. Será, en buena medida, el concurso de deportistas nacidos en los hogares de clase media y trabajadores.

Contra viento y marea han superado los límites de una sociedad de castas y privilegios, con ingenio y potencia, vuelven después de 16 años a ser sacerdotes de la más poderosa religión laica conocida, como que agrupa a 208 colectividades nacionales. Los dos equipos, sin embargo, en parte, reflejan lo que pasa en sus sociedades, carecen de timoneles conocidos.

No los tiene ni Grecia ni Colombia a la vista, porque quedaron lesionados en el camino hacia este mundial, cuando la explotación capitalista hace estragos en la humanidad de las grandes estrellas del balompié; y dónde el juego fuerte ha reemplazado a la habilidad y  la habilidad que impide la brutalidad del gladiador dañino y mañoso, una fórmula perversa que la competencia capitalista y el rendimiento estimulan hasta el paroxismo.

Así que ambos equipos, hoy a las 11 am., tendrán que echar mano, como en la vida política, a la creatividad, a la productividad de lo común, practicado entre singularidades para tejer la alegría del gol en la cancha, y potenciar la autonomía de ser individual y colectivo en los hogares a lado y lado del océano.

Un doble pronóstico
                                                                         Empecemos por el fútbol. Hoy, es posible que Grecia y Colombia empaten 1-1, o que si hay goles en el primer tiempo, Colombia logre obtener un triunfo 2-1.
En cualquier caso, mucho tendrá que ver con lo que haga el armador inspirado que conquiste la hegemonía, auto-organizando a los restantes 10 compañeros, en un escenario estratégico para quebrar a la más sólida defensa europea, cuando los griegos están ayunos de volantes y delanteros creativos suficientemente probados.

En cambio, la defensa colombiana es frágil, aunque tiene arqueros de altura y recursos notables en la zona en que el grito o el silencio juguetean en la garganta de los aficionados.

Cerremos con la política. Mañana, a las 5 de la tarde, como en el poema del inmortal romancero, Federico García Lorca, el registador Carlos Ariel Sánchez haciendo realidad una de las pocas promesas que en Colombia se cumplen, esto es, dando los resultados del pre-conteo sin que le falten mesas por escrutar.

Para entonces, sabremos, uno, si la votación se incrementó, cuando menos en 1 millón de votos, bajando la abstención de la primera vuelta; dos, si las lealtades prometidas por los adherentes de los candidatos derrotados han hecho caso a lo sugerido por sus liderazgos; tres, si la paz o la guerra, como en las anteriores cuatro presidencias es el asunto fundamental que preocupa a los colombianos que creen en la representación política como fórmula de resolver los conflictos.

Para luego, prepararse para acabar con la desigualdad social y los privilegios ancestrales; cuatro, si la no participación de los abstencionistas, y la activa de los que votan en blanco, o anulan su voto, supera el 50 por ciento, y deja abierta a cualquiera de los ganadores la ventana del control y  la  prudencia en el triunfo que obtengan.

Pero, ¿quién ganará? 

                                                 No sabemos que le han dicho los encuestadores privados a los candidatos en la contienda, pero, si la tendencia advertida en las 5 encuestas conocidas  ha capturado el alma variopinta de la nación, y la voluntad que la expresa, ganará la alternativa de paz con el respaldo de los cacaos del gran capital financiero; y el apoyo ancilar de una izquierda que fue inconsecuente en el tratamiento diferencial y claro de la alternativa de una paz democrática, y que ahora tiene que ser un socio de segunda en su obtención, pero clave para que la reacción guerrera con su cadena de errores y bestialidad no triunfe.

En cifras, pienso que el triunfo de Santos, de mantenerse el volumen de la votación anterior no superará los 200.000, y si hay un incremento de un millón alcanzará a una diferencia del medio millón de votos, y proporcional a tal incremento.

Fútbol y política se tocan, pero son trayectorias paralelas. Ambas son juegos de estrategia que apasionan, pero en el presente caso, en la política, los perfiles individuales de los "líderes políticos de ocasión" son personalidades de segunda, pero el "innovador relativo", apropiado para luchar por la hegemonía del bloque dominante sobre los subalternos no es el  candidato del uribismo, sino el portaestandarte tardío de la tercera vía,  el liberalismo socializante que coopta, en lo posible la marcha de la revolución democrática de los de abajo, sin los cuales su triunfo se tornará en amarga derrota.


En todo caso, tenemos que estar preparados con autonomía, para encarar cualquiera de los escenarios con un tercer imaginario, en apariencia minoritario, y sin clara representación, el imaginario de la paz democrática, cuyo contenido efectivo estará dado por el ejercicio multitudinario que se obtendrá en la dinámica de una constituyente social, que corrija las inconsecuencias del rumbo fijado en la Constitución de 1991, que, sin embargo, dejó la marca de una tarea a cumplir por los muchos de este país, "que la igualdad sea real y efectiva", más allá de las vicisitudes del orden estatal.

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