lunes, 31 de agosto de 2009

LA HORA DE LA CALLE, PLAZAS Y AULAS

¿De qué paz hablamos?

Le pido a Unasur que estudie un proceso de paz para Colombia. Hugo Chávez, reunión de Unasur.

La paz es que los bandidos en ningún lugar tengan albergue. Hasta entonces no les interesará la paz. Alvaro Uribe, réplica a Chávez en las deliberaciones de Unasur.

Si las cosas no salieron peor para Colombia fue porque el presidente brasileño intervino a última hora con la piedra afuera…Pero lo de Lula no fue para salvar a Colombia, sino a Unasur. Nos habríamos tenido que retirar del organismo si nos colocaban contra los palos. María Isabel Rueda, Nos fue mal, pero pudo ser peor, en El Tiempo.

En un ambiente de disputa, donde el asunto de la guerra global preventiva, y su extensión regional, era el primer punto de la agenda de UNASUR, resultó lógico que se ventilara su par dialéctico con urgencia vital: la paz como engarce discursivo, para empezar.

De pronto, parecía como sin saberlo trataran de celebrar los 80 años cumplidos por Jürgen Habermas, paladín alemán de la democracia deliberativa, a quien el dilecto y docto analista Guillermo Hoyos, rebautiza democracia radical, en Lecturas de septiembre, que coordina ahora Jorge Restrepo, después de los años light en manos de D´artagnan.

Claro, cuando menos hay dos visiones encontradas, las de Uribe y Chávez. Una que insiste en los “buenos oficios” suramericanos para resolver el conflicto colombiano, donde guerrilla y narcotráfico son protuberantes apariencias de real perturbación. La otra también reclama con la vocería del presidente Uribe la participación de los países suramericanos para otra causa: conseguir “la solución final” que conduzca a la rendición o a la liquidación de los bandidos de las Farc y sus asociados. Esto ocurrirá, pronostica, cuando nadie albergue a “los bandidos”, empezando por los países vecinos.

Hay una tercera vía iusoria aunque posible. Ella la expresaron a regañadientes María Elvira Rueda y el excanciller Ramírez Ocampo. ¿Cuál? valorar el apoyo condicionado que el gobierno Uribe recibió del presidente Lula, para evitar que su principal instrumento regional, la Unasur, la criatura de Itamaratí no muera prematuramente.

Otro Afganistán y el Estado red

Es oportuno crear una réplica del Estado red imitando, en lo posible, a mediano plazo la Unión Europea. Este es un proyecto que empezó a acariciarse por Brasil hace más de diez años, durante la presidencia del socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso. Podría rotarse la presidencia entre los asociados de Unasur para avanzar en un proyecto de integración regional democrática.

Mientras tanto, la guerra global continúa, y la disputa por la hegemonía en Suramérica tiene dos campeones cara a cara: Obama y Lula. Ellos hacen escaramuzas diplomáticas. Obama rechazó con desdén la invitación de Lula alegando una agenda copada por citas inmediatas. En Unasur la conversación era primero con su alfil regional, el gobierno de Colombia, amarrado a E.U. con la asociación militar y financiera para seguir la guerra interna.

Al insistir en la seguridad democrática, la guerra contra “el narcoterrorismo”, cuando el presupuesto es cada vez más raquítico bajo condiciones de recesión, y la definitividad del resultado prometido contra la guerrilla es incierta, el gobierno Uribe requiere de dinero fresco y nuevas tecnologías. La intervención técnica multiplicada por siete convierte a Colombia el nuevo Afganistán, sólo que en un entorno geográfico diferente. Colombia y la tierra de Karzai y el Talibán se vuelven gemelos.

Así las cosas, el sacrificio físico de tropas y guerrilleros nacionales tendrá que continuar llenando hospitales y clínicas de mutilados y sembrando la tierra con nuevos cadáveres. A riesgo que la seguridad de las ciudades se degrade más, al ser golpeadas por el doble flagelo de la guerra interna y el ajuste de cuentas entre narco-paramilitares, de una parte; y de otra, por las condiciones indignantes y riesgosas de 21 millones de pobres y 8 millones de miserables. Así lo registró el Dane, una contracara infeliz e inaceptable de la seguridad y la confianza inversionista.

No al Patrioterismo. Sí Integración Regional

Espíritus pusilánimes piensan que negando la conflictividad, la insociable sociabilidad de la condición humana, pueden redefinir la violencia como terrorismo e hipotecar la democracia para los suyos. Guillermo Hoyos, Habermas, demócrata radical, en Lecturas, septiembre 2009, p. 6.

Apelamos, por lo tanto, a UNASUR, y en particular a cada uno de los mandatarios nacionales, a reflexionar sobre la situación colombiana, para impedir la posibilidad de que se profundice el conflicto... Nuestros pueblos tienen el derecho a vivir en paz, bajo condiciones de convivencia dignas y justas. Colombian@s por la Paz, Declaración a la Cumbre de Unasur.

Dicho lo cual, conviene potenciar en público el discurso de la oposición retórica conectándolo con el disenso real. Es una retórica, que se expresa, por ejemplo, el vocería de dos disidentes liberales, Ernesto Samper y Piedad Córdoba, y real, el presidente del PLC, quien dijo “Uribe se está convirtiendo en dictador”.

Hay una diplomacia por la paz que expresan las embajadas civiles del PDA a los países fronterizos, señaladas y estigmatizadas por el chovinismo y el macartismo juntos. Y por supuesto el carteo de reflexión y denuncia que practica Colombian@s por la paz desde octubre de 2008. Ahora la vocería de Piedad Córdoba lanza también la iniciativa de “la papeleta por la paz”, y entrega la prueba de sobrevivencia de 9 policías militares secuestrados en El Codito, en Bogotá.

Unas y otras requieren de manera urgente medios de comunicación para hacerse oír y deliberar públicamente. Deben exigirlos de la Comisión Nacional de Televisión y del gobierno nacional, quien dice ser el garante de la libertad de expresión, según lo dispuso la Constitución de 1991.

Pero, frente al oligopolio mediático que difunde de modo preferente el credo oficial reeleccionista, con excepciones; a la vez que se hace eco descarado del chovinismo y el (neo)populismo de derecha, difundiendo la campaña virtual contra Chávez este 4 de septiembre, es necesario exigir y publicitar una reflexión y una acción alternativa y propositiva.

Contra la guerra y la reelección, otra movida

A reinventar en acto la jornada del 6 de marzo, y las movilizaciones de estudiantes en defensa de la educación pública, y las encabezadas por los indígenas mediante la Minga nacional y social. Quizás una buena fórmula articuladora sea: Sí a la Integración Regional, No más intervención.


Potenciar el disenso argumental y real de quienes empiezan a protestar por su cuenta contra los acuerdos militares con E.U, con o sin bases; contra los desastres inducidos por la receta neoliberal; y de quienes rechazan la continuación del conflicto armado y exigen la solución política.


En suma, es tiempo que el común responda a la seguridad autoritaria y el hambre que produce la “confianza inversionista”. Para rechazar el inexcusable rosario de los falsos positivos, militares, sociales y económicos contra los pobres de campos y ciudades, y las minorías indígenas, quienes sumados son las mayorías de la otra Colombia; y para detener las “chuzadas” a la libertad de expresión y pensamiento, que siguen desde el Das y otras agencias clandestinas, según lo revela una investigación de Semana.


Pongámosle entonces una fecha a la protesta y a la deliberación ciudadana en la calle, las plazas, las aulas y los lugares de oración. Son fechas posibles el próximo 6 de septiembre con un gran convivio dominical por la paz y la integración regional, o el próximo 11 de septiembre, para rechazar la guerra global y local, y comprometernos en la construcción de una nueva sociedad que avance en una alternativa anticapitalista y democrática, plural y diversa.

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